"El portador del espejo se mira en él, pero no reconoce la imagen que le devuelve la mirada". Adrian Spencer Smith, «Fábulas sobre las estrellas»
Según las leyendas de los Portaespejos, la caída de la Diosa de la Belleza era una metáfora antigua que simbolizaba la destrucción de los puntos de vista sobre la belleza, que se desmoronaron y se convirtieron en escombros y ruinas. Por tanto, el objetivo de los Portaespejos adquiere otro significado: cuando las concepciones de belleza se reunifiquen, todas las disputas y luchas desaparecerán. Creen que los Eones volverán a ser perfectos y que el universo se completará.
Puede que esto no sea una mera ilusión, ya que los Portaespejos poseen una serie de Espejos de la Trascendencia. Estos espejos no reflejan el mundo material, sino que muestran la belleza del observador tal y como se proyecta en la realidad.
Los Portaespejos aseguraban que estos espejos eran fragmentos de la forma divina de Idrila. Cuando la Diosa de la Belleza murió, sus fragmentos se esparcieron por el cosmos. Los Portaespejos errantes hicieron lo posible por encontrar pistas y recuperar los fragmentos, con la esperanza de algún día poder reconstruir todo y devolver el mundo a un estado puro de belleza.